martes, 26 de octubre de 2010

Cuando el burro cae, se le dan los palos

Entre las mil cosas que acaban con mi paciencia, que no permito ni tolero, se encuentra esa advertencia a posteriori del mira que te lo dije, que suele usarse para reafirmar la razón de alguien que se cree en posesión de la verdad. Este tipo de personas es incapaz de aceptar o tolerar que existan errores, tanto propios, como ajenos, y en este ultimo caso, se regodean en la satisfacción de ver sumidos en la mierda a quieres ellos ellos impusieron su criterio y no dejaron errar. Hoy me he enfrentado a alguien así, que me ha acusado de no darme cuenta de la gravedad de una situación vivida en las últimas horas. Sólo un milagro, y mi educación recibida ha evitado que la enviase al lugar donde ella disfrutaría verme hundido, porque prefiero enseñar los dientes antes de sentirme humillado por alguien que, lejos de aconsejar, únicamente sabe mandar y entrometerse en mi vida sin habérselo pedido, al estilo de un desfacedor de entuertos medieval o perteneciente a la novela de caballería que tan sabiamente criticó Cervantes en su Quijote. No voy a permitir que absolutamente nadie cuestione mi forma de asumir la realidad y las cornadas del destino, pues soy muy consciente de mi entorno y todo lo que sucede a mi alrededor, ya que vivo en un mundo real,y no en un paraíso idílico donde todo es perfecto y de ensoñación, algo que deberían saber quienes osan criticarme por no ser igual al resto, ni quererlo.

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